viernes, 13 de noviembre de 2015

LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-V (III y Ultimo Escrito)





No estoy tratando de crear mahatmas aquí. ¡Ya está bien! Esos mahatmas ya han hecho suficientes tonterías en el mundo. Necesitamos gente hermosa, floreciente, fluida, vital. Sí, algunas veces se pondrán. tristes, pero ¿qué hay de malo en sentirse triste? Algunas veces se enojarán, pero ¿qué hay de malo en sentirse enojado de vez en cuando? Esto simplemente indica que estás vivo, que no eres una cosa muerta, que no eres un leño a la deriva. Algunas veces peleas, algunas veces lo dejas correr, tal como cambian los climas: algunas veces está lluvioso y lleno de nubes, otras veces está soleado y las nubes han desparecido. Además se necesitan todas las estaciones: la fría, la caliente, el invierno, el verano; todas las estaciones son necesarias. Y el hombre real, el hombre auténtico tiene todos los climas en su ser, sólo que con un punto de atención: cualquier cosa que hace, la tendría que hacer completamente y con plena atención; eso es todo, es suficiente: ahí tienes una hermosa persona. Pero la persona que pregunta está buscando al hombre perfecto.
Me han contado…

Una vez, un hombre viajó por todo el mundo buscando a la mujer perfecta. Él quería casarse, pero ¿cómo iba a poder aceptar a un modelo imperfecto? Él quería a una mujer perfecta. Regresó después de haber desperdiciado toda su vida porque no pudo encontrarla. Entonces, un día, un amigo le dijo:
-Ahora ya tienes setenta años y has buscado toda tu vida. ¿No pudiste encontrar a una sola mujer perfecta?
El hombre contestó:
-Sí, una vez encontré a una mujer que era perfecta.
-¿Y qué sucedió?
El hombre dijo entristecido:
-¿Qué sucedió? Esa mujer estaba buscando al hombre perfecto, así que no sucedió nada.

Recuerda, el ideal de perfección es un ideal egoísta.

Ronald Coleman le contó a Herb Stein la historia de un farsante de Hollywood que hablaba con un acento falso de Oxford, llevaba una insignia falsa de la universidad y pagaba con cheques falsos. Cuando llegó a una situación extrema, decidió suicidarse, así que fue a los rieles del ferrocarril de San Fe. Fumó con calma algunos cigarrillos de importación mientras tres o cuatro trenes de mercancías pasaban resollando. Un vagabundo que lo estaba observando exclamó irónicamente:
-Si lo vas a hacer ¿por qué no de una vez?
-No seas vulgar –respondió el farsante-. Un hombre como yo espera a que pase el talgo.

Un egoísta que se va a suicidar espera que pase el talgo, el mejor tren. Él dice: “No seas vulgar. Un hombre como yo espera a que pase el talgo”. Incluso para suicidarse quiere lo perfecto, no quiere un tren de carga.
El matrimonio es como el suicidio: lo puedes llevar a cabo en cualquier parte. No hace falta que esperes a que pase el talgo. La mujer que pregunta está buscando y le resulta imposible –por la forma en que ve las cosas condenándolas- encontrar a alguien a quien amar.
“Por favor, aclara la diferencia que hay entre un taoísta y un escapista perezoso”.
No hay mucha, y si la hay, es tan interna que sólo la persona lo sabrá; tú nunca serás capaz de juzgar desde afuera. Mírame. Yo también soy una persona perezosa. ¿Me has visto alguna vez hacer algo? Es muy difícil saber desde afuera. Además amo a los perezosos… sean o no taoístas: Amo a los perezosos porque nunca ha surgido un Adolf Hitler de un perezoso, ni un Gengis Khan, ni un Tamerlán. Los perezosos han vivido su vida en silencio y han desparecido sin dejar huella alguna en la historia, sin contaminar la humanidad. No han solucionado la consciencia. Han estado aquí como si no estuvieran. Si eres perezoso y estás alerta… te habrás convertido en un taoísta. Esto no quiere decir que te vuelvas inactivo. Quiere decir simplemente que la actividad obsesiva desaparece. Quiere decir que también te has vuelto capaz de no-hacer.

Una persona preguntó a uno de sus discípulos de un maestro zen:
-¿Qué milagros puede hacer tu maestro?
El discípulo le respondió:
-¿Eres un seguidor de alguien?
-Sí, sigo a un maestro –contestó el hombre-, un gran hacedor de milagros; él puede hacer grandes milagros. Una vez que yo estaba parado en esta orilla del río y él estaba en la otra orilla, me gritó: “Quiero escribir algo en tu libro”. El río tenía además un ancho de casi medio kilómetro, así que cogí mi libro, lo alcé y desde la otra orilla él empezó a escribir con su pluma y la escritura llegó a mi libro. Yo he visto este milagro y llevo mi libro conmigo; puedes verlo.
El discípulo del otro maestro se río y dijo:
-Mi maestro puede hacer milagros más grandes.
-¿Qué milagros? –preguntó el hombre.
-Mi maestro puede hacer milagros –contestó el discípulo, y es tan capaz… tan capaz que tiene también la capacidad de no hacerlos.

Tiene también la capacidad de no hacerlos; mira la belleza de esto. Él es tan capaz que también tiene la capacidad de no hacerlos.
Un taoísta es una persona que hace sólo aquello que es absolutamente necesario. Su vida es casi como un telegrama. Cuando tú vas a la oficina de correos no escribes una carta larga si quieres enviar un telegrama. Vas recortando el mensaje, lo que se puede recortar aquí y allá, hasta que te quedan nueve o diez palabras, o las que sean. Si escribes una carta nunca escribirás sólo diez palabras. ¿Has observado además una cosa? Un telegrama es más expresivo que cualquier carta. Dice mucho más con muy pocas palabras. Se deja lo innecesario y sólo se conserva lo más necesario.
Un taoísta es telegráfico, su vida es como un telegrama. Lo obsesivo, lo innecesario, lo febril se ha abandonado. Él hace sólo lo que es absolutamente necesario. Y déjame decirte que lo absolutamente necesario es algo tan pequeño que verás a un taoísta casi como si fuera un perezoso.
Recuerda, sin embargo, que no estoy alabando la pereza. Simplemente condeno la actitud egoísta. Estoy más a favor de la pereza que del egoísmo. Pero no estoy a favor de la pereza en sí misma; la pereza tendría que estar llena de atención consciente. Entonces tú estás más allá, tanto de la actividad como de la pereza. Entonces te vuelves trascendental. No eres activo ni inactivo; estás centrado. Haces lo que es necesario, no haces lo que no es necesario. No eres un hacedor ni un no-hacedor. Dejas de concentrarte en el hacer. Eres consciencia.
Así que, por favor, no tomes lo que he dicho en el sentido de que te estoy ayudando a que seas perezoso. Ser realmente perezoso no quiere decir ser inactivo, sino estar tan lleno de energía que te conviertes en un acumulador de energía, perezoso en lo que respecta al mundo, pero tremendamente dinámico interiormente, no indolente.
Un taoísta es perezoso en lo exterior; en lo interior se ha convertido en un fenómeno similar a un río, está fluyendo continuamente hacia el océano. Ha abandonado muchas actividades porque estaban sustrayendo innecesariamente su energía. El peligro siempre está ahí –en todo lo que digo hay peligro-, el peligro de la interpretación. Si digo “se activo”, existe la posibilidad de que te vuelvas egoísta. Si digo “se inactivo”, existe la posibilidad de que te puedas volver indolente. La mente es astuta. No deja de interpretar a su manera; no deja de encontrar razones, racionalizaciones, trucos para defenderse a sí misma. Quiere permanecer como es. En eso consiste todo el esfuerzo de la mente: quiere permanecer como es. Si es perezosa quiere seguir siendo perezosa. Si es activa –muy activa, obsesivamente activa-, quiere seguir siéndolo. Por tanto, tienes que ser cuidadoso para no defender tu mente cuando yo diga algo. Tienes que desembarazarte de tu mente.

El hombre entró furioso por la puerta, arrancó a su esposa de las rodillas del extraño y le preguntó iracundo:
-¿Cómo es que lo encuentro besando a mi esposa?
-No lo se –respondió el extraño-. ¿No será que usted ha regresado a casa antes de lo acostumbrado?

La gente puede encontrar razones. Tú mantén la atención. Y mantén la atención con respecto a tu propia persona, no con respecto a otros. Lo que otros hacen no es asunto tuyo. Ésta tendría que ser una de las actitudes básicas: no pensar en lo que el otro está haciendo. Esa es su vida. Si él decide vivir así, eso es asunto suyo. ¿Quién eres tú para tener siquiera una opinión al respecto? Incluso tener una opinión significa que estás listo para interferir, que ya has interferido.
Una persona religiosa es aquella que trata de vivir su vida de la mejor forma, de la forma más completa que le es posible, de la forma más atenta que le es posible; lo intenta. Además, no interfiere en la vida de otros, ni siquiera con una opinión.
¿Lo has visto, lo has observado? Si pasas delante de alguien y tienes cierta opinión sobre él, tu cara cambia, tus ojos cambian, tu actitud, tu forma de caminar. Si eres criticón, todo tu ser empieza a irradiar crítica, disgusto.
No, tú estás interfiriendo. Ser verdaderamente religioso implica no interferir. Otorga libertad a las personas; la libertad es su derecho de nacimiento.

Sucedió una vez que me alojé en cada de uno de mis profesores, de mis maestros. Aunque yo era un estudiante y él mi profesor, había de su parte mucho respeto por mí. Él era un hombre religioso, especial, pero era un bebedor, y cuando estuve en su casa, le dio mucho miedo beber en mi presencia. ¿Qué iba a pensar yo? Yo le observaba, sentía un desasosiego, así que al día siguiente le dije:
-Hay algo en su mente. Si no se relaja me marcharé inmediatamente e iré a un hotel; no me alojaré aquí. Hay algo en su mente. Siento que usted no está relajado; mi presencia está creando algún problema.
-Ya que has planteado el problema –me dijo él-, me gustaría contártelo. Nunca te he dicho que bebo muchísimo, pero siempre bebo en casa y me voy a dormir. Ahora que te alojas aquí no quiero beber en tu presencia, y por eso ha surgido el problema. No puedo pasar sin beber, pero no me puedo imaginar bebiendo delante de ti.
Me eché a reír.
-Qué tontería –le contesté-. ¿Qué tengo yo que ver con ello? ¿No me obligaría a beber?
-No, jamás.
-Entonces, asunto concluido; el problema está resuelto. Usted bebe y yo le haré compañía. Yo no beberé pero puedo tomar otra cosa, Coca Cola o Fanta. Le haré compañía, usted beba. Le puedo llenar el vaso, puedo ayudarle.
Él no podía creer, pensó que yo estaba bromeando, pero cuando por la noche llené su vaso, él empezó a llorar.
-Nunca llegué a pensar que tú no tendrías un juicio sobre esto. Además, yo te he estado observando –dijo-, y tú no tienes ninguna opinión sobre mi forma de beber, sobre mi conducta, sobre lo que estoy haciendo.
-Tener un juicio sobre usted es simplemente una tontería –contesté-. No es algo muy significativo que no tenga un juicio sobre usted. En primer lugar, ¿por qué tendría que tenerlo? ¿Quién soy yo para tenerlo? Su vida le pertenece. Si quiere beber, beba.
Tener un juicio sobre ti significa que, profundamente, de alguna manera, quiero manipularte. Tener un juicio sobre ti significa que, de una manera u otra, tengo un deseo profundo de tener poder sobre la gente. Eso es lo que define a un político. Una persona religiosa no tendría que interferir.
¿Por qué nos aferramos al pasado? ¿Por qué tenemos miedo a lo nuevo?

Existe una razón natural para ello. Con lo viejo uno es eficiente, con lo nuevo uno es torpe. Con lo viejo tú sabes qué hacer; con lo nuevo tienes que aprender a partir del abecedario. Con lo nuevo empiezas por sentirte ignorante. De lo viejo tienes conocimiento, has hecho algo una y otra vez; lo puedes hacer mecánicamente, no necesitas mantener una atención consciente alguna. Con lo nuevo tendrás que estar alerta, consciente; de otra forma puedes equivocarte.
¿No lo has observado? Cuando estás aprendiendo a conducir estás muy atento. Cuando ya has aprendido, te olvidas de ello; cantas una canción, escuchas la radio, hablas con un amigo o tienes mil y un pensamientos mientras que conducir continúa siendo algo mecánico, a la manera de un robot; tú no eres necesario. Lo viejo se vuelve mecánico, habitual. Por eso con lo nuevo viene el temor. Por eso los niños son capaces de aprender. Cuanto más viejo te hagas, menos capacidad tendrás de aprender. Es muy difícil enseñar nuevos trucos a un perro viejo. Él repetirá los viejos trucos una y otra vez, aquellos trucos que conoce.
Una vez me contaron esta historia:
Un diplomático extranjero no sabía hablar inglés, cuando sonó el timbre anunciando el almuerzo en la asamblea de Naciones Unidas, se colocó detrás de un hombre que estaba junto al mostrador y le escuchó pedir pastel de manzana y café, así que también ordenó pastel de manzana y café. Durante las siguientes dos semanas continuó pidiendo pastel de manzana y café. Finalmente, decidió probar otra cosa, así que escuchó atentamente mientras otro hombre pedía un bocadillo de jamón.
-Bocadillo de jamón –le dijo al camarero.
-¿Blanco o de centeno? –le preguntó aquél.
-Bocadillo de jamón –repitió el diplomático.
-¿Blanco o de centeno? –preguntó otra vez el camarero.
-Bocadillo de jamón –repitió el diplomático.
El camarero enrojeció de la ira.
-Mira, Mac –le gritó, sacudiendo su puño cerca de la nariz del diplomático- ¿Lo quieres con pan blanco o de centeno?
-Pastel de manzana y café –respondió el diplomático.

¿Qué falta hace preocuparse? El asunto se pone muy peligroso, por eso uno sigue con lo viejo. Pero si vives con lo viejo, no vives en absoluto, sólo vives aparentemente.
La vida sólo existe con lo nuevo. Sólo con lo nuevo y únicamente con lo nuevo existe la vida. La vida tiene que estar fresca. Sigue siendo un aprendiz, no te conviertas nunca en un entendido. Permanece abierto; no te vuelvas cerrado. Continúa siendo ignorante, no dejes de desprenderte del conocimiento que acumulas, automáticamente, con naturalidad. Cada día, a cada momento, libérate de todo lo que has conocido y vuelve a ser como un niño. Volverse tan inocente, como un niño, es la manera de vivir y de vivir abundantemente.
Osho

LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-V (II Escrito)




Capitulo-V (II Escrito)
Acatar la Torá

ESTAR ABIERTO AL TAO
(PREGUNTAS Y RESPUESTAS)

Se trata de algo muy significativo.

Lo primero: “¿Puedo creer en el Tao…?”.

El Tao no depende de la creencia.  Tú no puedes creer en él.  
El Tao no conoce un sistema de creencias. No dice: “Cree”. Esto es lo que han hecho otras religiones.  Tao es el abandono de todos los sistemas de creencias.  Entonces aparece una clase completamente nueva de confianza: la confianza en la vida. 
Las creencias implican tener fe en los conceptos.  Los conceptos se refieren a la vida.  La confianza no se preocupa de los conceptos.  La confianza es inmediata, en la vida, no en algo que se refiere a la vida.  La creencia está muy lejos de la vida. Cuanto más fuerte sea la creencia, mayor es la barrera.  El Tao no es ni la creencia ni la incredulidad, sino el abandono de toda creencia e incredulidad.  Cuando abandonas toda las creencias e incredulidades y estás en contacto directo e inmediato con la vida, surge una confianza, un gran “sí” surge en tu ser.  Este “sí” transforma, transforma completamente.

Por tanto, lo primero que preguntas: “¿Puedo creer en el Tao…?”.  No, el Tao no es una creencia.  No te acerques cruzando la puerta de las creencias o desembocarás en una filosofía, en una religión, en una iglesia, en un dogma, pero nunca desembocarás en la vida.  La vida es, simplemente.
No es una doctrina que alguien predica. La vida simplemente está alrededor, por dentro y por fuera. Cuando dejas de mirar mediante las palabras, los conceptos, las verbalizaciones, se te revela; todo se vuelve muy claro como el cristal, muy transparente.  En esa transparencia no estás separado del Tao; ¿Cómo puedes creer en el Tao o no creer?  Tú eres el Tao.  Ese es el camino del Tao: convertirse en el Tao.

La segunda cosa: “¿Puedo creer en el Tao, no interferir en la vida de otros…?”.  Una vez has dejado de interferir en tu propia vida, has dejado de interferir en la vida de otros.  Si continúas interfiriendo en tu propia vida, acabas por interferir en la vida de otros, lo que no es más que un reflejo, no es más que una sombra.  Deja de interferir en tu propia vida; entonces toda interferencia desparece súbitamente porque es absurda. La vida ya está yendo a donde necesita ir, ¿qué sentido tiene interferir?

El río ya está fluyendo hacia el océano; ¿para qué interferir? ¿Para qué dirigirlo?  Si empiezas a dirigir el río, lo matas; se convierte en un canal.  Entonces deja de ser un río, entonces desaparece la vida, entonces es un prisionero.  Puedes forzarlo para que vaya donde quieres llevarlo, pero entonces no habrá música ni danza; será como llevar un cadáver.  El río estaba vivo, el canal está muerto.  Que el canal sea un río sólo es un decir.  No es un río, porque para ser un río hay que ser libre, fluir, buscar, seguir la propia naturaleza intrínseca.
La cualidad propia de un río está en no ser dirigido, en no ser arrastrado y empujado, en no ser manipulado.  Una vez has comprendido que creces cuando no interfieres en tu propia vida, cuando entiendes que creces cuando nadie interfiere en tu vida, ¿cómo vas a poder interferir en la vida de otro?

Pero si tú interfieres en tu propia vida, si tienes un ideal sobre cómo tendría que ser, ella, el ideal produce interferencia. 
El “tendría” es la interferencia.  Si tienes algún ideal –el de querer ser como Jesús, o como el Buda, o como Lao Tzu, el de ser un hombre perfecto o una mujer perfecta, el de ser esto o aquello-, entonces vas a interferir.  Tendrás un mapa, tendrás una dirección, tendrás un futuro predeterminado.  Tu futuro ya estará muerto, habrás convertido tu futuro en pasado.  Dejará de ser un fenómeno nuevo; lo has convertido en una cosa muerta.  Cargarás con el cadáver, vas a interferir en todo, porque siempre que sientas que te estás extraviando, y por extraviarse entiendo extraviarse del ideal… nadie se ha extraviado nunca, nadie puede   extraviarse.  No es posible cometer un error.  Déjame repetirlo: es imposible extraviarse, porque dondequiera que vayas está lo divino, y cualquier cosa que hagas culmina en lo divino.  
Todos los actos son transformados naturalmente en la suprema bondad-y-maldad, todos.  Pecador y santo, todos alcanzan la divinidad.

Dios no es algo que puedas evitar, pero si tienes algún ideal, puedes postergar su encuentro.  No lo puedes evitar: tarde o temprano Dios va a tomar posesión de ti. Pero lo puedes postergar. Puedes postergarlo hacia el infinito; tienes esa libertad.  Tener un ideal implica que estás en contra de la naturaleza.

Gurdjieff solía decir que todas las religiones están contra Dios y él tiene razón; ha logrado una gran revelación al respecto. Todas las religiones están contra Dios porque todas las religiones han proporcionado ideologías, ideales.  No hace falta ideal alguno, no hace falta ideología alguna.  Tendrías que vivir una vida simple, ordinaria; tendrías que permitir que Dios hiciese lo que él quiera.  Si él quiere que seas de esta manera, bien.  Si quiere que seas de aquella manera, bien. Permite que venga su reino, permite que se haga su voluntad.  Y una vez disfrutas de la libertad que llega cuando no tienes ideal alguno, ¿cómo podrías interferir en la vida de otros?

Tú interfieres en la vida de tus hijos, tú interfieres en la vida de tu esposa, de tu esposo, de tu hermano, de tu amigo, de tu amado.  Tú interfieres en sus vidas porque piensas que al hacerlo los estás ayudando. ¡Los estás estropeando!  Tu interferencia se asemeja lo que los seguidores del Zen –ellos tienen la expresión correcta- llaman “calzar una serpiente”. 
Tú estás ayudando, a lo mejor haces un gran esfuerzo, haces grandes cosas –calzas una serpiente- pensando: “¿Cómo puede caminar una serpiente sin zapatos?  Puede que haya dificultades, que los caminos sean difíciles, que haya también espinas.  La vida está llena de espinas, así que hay que ayudar a la serpiente, hay que calzar la serpiente”.  ¡Matarás la serpiente!

Todo esfuerzo por mejorar a los demás es así, precisamente, pero hay un corolario natural: si estás tratando de mejorarte a ti mismo, tratarás de mejorar a otros.  Tu propio malestar va a afectar a otros.  Una vez dejas de mejorarte a ti mismo, una vez te aceptas tal como eres,  incondicionalmente, sin amargura, sin queja, una vez te empiezas a amar tal como eres, toda interferencia desaparece.

La tercera cosa: aceptando lo que hay ahora, ¿puedo ser psicoterapeuta de profesión?  Se llega a ser terapeuta, pero de una manera totalmente diferente, no a la manera freudiana; se llega a ser terapeuta en el verdadero sentido.  ¿Y cuál es el sentido real de ser “terapeuta”?  Él dará libertad; será simplemente una presencia, una luz, un disfrute.  Él no va a cambiar al paciente, aunque el paciente pasará por un cambio. Él no hará ningún esfuerzo por hacer que se sienta bien. 
No hará ningún esfuerzo por ayudarle a encajar en esta sociedad neurótica.  Él no intentará hacer cosa alguna. Será simplemente una presencia, un agente catalizador.  Él amará. Compartirá su energía con el paciente, verterá su energía sobre el paciente.  Recuerda, además, que el amor es la verdadera terapia; todo lo demás es secundario.

En realidad, si hay tantos pacientes psiquiátricos en el mundo es porque no han sido amados, nadie los ha amado; por eso se han trastornado.  Han perdido contacto con su centro, porque sólo con el amor uno llega a centrarse.  Su enfermedad no es el problema real; el problema real consiste en que, en lo más profundo nunca han sido amados, nunca han conocido un ambiente de amor.  Por tanto, un terapeuta taoísta simplemente dará su amor, su comprensión, su visión.  Él compartirá su energía y no interferirá de manera alguna.

Y la curación va a producirse. La curación se producirá, no por esfuerzo alguno del terapeuta, sino por su no-esfuerzo, por su inactividad, por su tremenda pasividad.  ¿Has observado cómo se produce?  Algunas veces te enfermas, llamas al doctor, y el doctor llega.  Súbitamente, sólo por entrar él en la habitación, tú ya no estás tan enfermo como antes.  Él no te ha dado medicina alguna, sólo su presencia, su cuidado, su amor. 
Él simplemente pone su mano sobre tu cabeza, te toma el pulso, y de repente sientes que se está produciendo un cambio.  Y él no ha hecho cosa alguna, no ha dado medicina alguna, ni siquiera ha dado un diagnóstico.  Incluso antes del diagnóstico, si el doctor es una persona amorosa, el cincuenta por ciento de la enfermedad desaparece.  Con el otro cincuenta por ciento algo tendrá que hacer, porque también ignora que el ser humano no puede curar a nadie.  La naturaleza es la que siempre cura.  El ser humano sólo puede convertirse en un canal de la energía curativa; la curación funciona debido a eso. Simplemente al situarse tres o cuatro personas –personas amorosas- alrededor del paciente, el paciente sentirá una mejoría repentina tremenda, una transformación produciéndose dentro de él.  ¿Qué ha sucedido?  Estas cuatro personas, mediante el amor, se han convertido en vehículos del Tao.

Se puede ser terapeuta.  El Tao no está en contra de la terapia, pero la terapia tendrá una cualidad diferente.  Será wu wei, será acción en la inacción, será femenina.  No será agresiva, no forzará al paciente para que se cure; será persuasiva. Simplemente seducirá al paciente para que esté saludable, eso es todo.  Será una gran seducción.  El terapeuta está centrado, con los pies en la tierra, fluye; su presencia, su luz, su amor ayudará para que la energía del paciente resurja, para que aflore a la superficie de su ser.  Siempre ha estado allí; él ha perdido el contacto.

En los templos zen se trata a los locos.  No se hace nada.  Se les cuida.  En el momento de orar, la persona demente viene y se sienta, pero nadie está rezando por ella en absoluto; eso no les concierne.  Se ora como siempre, se canta como es usual y la persona demente se sienta.  Cien monjes cantan y el canto es hermoso junto con la vibración, la atmósfera, y el silencio de una comunidad zen, y los árboles y el jardín rocoso, y la atmósfera en conjunto… El paciente se sienta, simplemente.  En realidad ni siquiera se le llama paciente, porque llamar “paciente” a una persona es fijar la idea en su mente de que está enferma.  Es una sugestión; es muy peligroso.  No se le llama paciente: una persona que necesita meditación, una persona que necesita relajación, pero no un paciente. 
 No es que esté enfermo, o que algo no vaya bien, o que esté “chiflado”, no.

La idea misma de que alguien esté chiflado le produce la fijación: “Estoy loco”, y sigue repitiéndoselo e intenta con fuerza no serlo.  Los hipnotistas han descubierto una ley llamada “la ley del efecto contrario”.  Si te esfuerzas demasiado por no estar loco, te llegarás a enloquecer. 
Tú puedes intentarlo y observar.  Intenta no estar loco durante siete días; permanece consciente todo el tiempo: “No estoy loco”.  Observa cada acto que ejecutas, ¡y al cabo de siete días te habrás vuelto loco!  En un monasterio zen pensarás que esa persona necesita relajación, que ha estado en el mundo demasiado y se ha puesto muy tensa, que está muy cansada, eso es todo.  No hay juicios, sólo compasión. No se le envía a un hospital, se le envía a un templo.

En la antigüedad los templos solían funcionar como sitios de terapia. El templo es un lugar adecuado para la terapia, porque parte de una idea diferente.  Tú no eres un paciente, no se te tiene que hospitalizar, no tienes que recostarte en el diván del psiquiatra; tú vas al templo.  Vas al templo a renovar tu contacto con la existencia, porque la existencia es la fuente de curación, de salud y sentido de la totalidad.

Sí, una persona puede ser un psicoterapeuta.  En realidad, sólo un taoísta puede ser un psicoterapeuta auténticamente real. 
Sin embargo, él no será un hacedor.  Será simplemente un vehículo, un médium.

El peligro de tus charlas sobre el taoísmo está en que hay muchas personas irresponsables y perezosas que racionalizan sus malos hábitos diciendo que son taoístas inactivos.  Por favor, aclara la diferencia que hay entre un taoísta y un escapista perezoso.


Lo primero: hay dos peligros que he mencionado; uno es el egoísmo y el otro es la pereza, el letargo.  Recuerda, además, que si tienes que caer en una trampa, la de la pereza es mejor que la del egoísmo.  Éste es más peligroso; la persona perezosa no hace nada malo; una persona perezosa no puede hacer mal alguno.  Nunca hará algo bueno, de acuerdo, pero tampoco hará algo malo.  No se ocupará de matar a otros, de torturar a otros, de crear campos de concentración, de ir a la guerra; no se molestará.  La persona perezosa dice: “¿Para qué?  Si puedo descansar, ¿para qué?”.  Una persona perezosa no es peligrosa por naturaleza.  La única cosa que puede echar a faltar es su propio crecimiento espiritual, pero ella no interferirá en el crecimiento de los demás; no será un obstáculo.  No será un benefactor, pues las personas más maliciosas del mundo son los benefactores.  Una persona perezosa está casi ausente.  ¿Qué puede hacer?  ¿Has oído alguna vez que algún perezoso haya hecho algo malo?

No, el problema real viene del egoísta y esta posibilidad existe para quien hace la pregunta.  No te preocupes porque unos cuantos se vuelvan perezoso; déjalos, no hay nada malo.  El problema real está en el egoísta, en el que quiera ser espiritual, en el que quiere ser especial, en el que quiere obtener poderes espirituales.  El problema real está en el que quiere demostrar al mundo algo espiritualmente.  Si tienes que fracasar, elige la pereza.  Si no puedes fracasar, si tienes que evitarlo, vale la pena evitar ambos.

La pereza es simplemente como el resfriado común; no hay mucho de que preocuparse.  El ego es como el cáncer.  Es mejor no tener ninguno de los dos, pero si tienes que elegir y quisieras tener un asidero, el resfriado común está bien, puedes depender de él, nunca mata a nadie, nunca ha matado a nadie.  Pero no escojas nunca el cáncer… y esa es la mayor posibilidad.

Ahora bien, la persona que pregunta dice: “El peligro de tus charlas sobre el taoísmo está en que hay muchas personas irresponsables y perezosas…”.

Lo primero: cuando empiezas a pensar en los demás, estás cayendo en una trampa del ego.  ¿Quién eres tú para que te metas en la vida de otros?  Es su vida.  Si se sienten perezosos, ¿quién eres tú para interferir? La persona que pregunta tiene a un benefactor en su ser; le preocupan mucho los demás; esto es algo peligroso.  Y, por supuesto, ella desaprueba. 
Esta pregunta tiene una desaprobación: “El peligro de tus charlas sobre el taoísmo está en que hay muchas personas irresponsables y perezosas que racionalizan sus malos hábitos diciendo que son taoístas inactivos”. ¿Quién eres tú para decir que sus hábitos son malos?

La pereza como hábito es mejor que estar obsesionado por la actividad.  Estar obsesionado por la actividad es demencial. Una persona perezosa puede estar sana.  Algunas veces se ha encontrado que las personas más perezosas son las más sanas. Tengo la impresión de que si la persona que pregunta conociera a Lao Tzu pensaría que es perezoso.  Lao Tzu puede parecer perezoso al no pretender nunca fin o propósito alguno. Si la persona que pregunta conociera a Diógenes, pensaría que es perezoso. Si conociera al Buda pensaría que es perezoso.  “Sentado debajo de un árbol bodhi… ¿qué estás haciendo?  Podrías al menos dirigir una escuela primaria y enseñar a los niños, o puedes fundar un hospital y servir a la gente enferma. Hay tanta gente muriendo, pasando hambre… ¿qué estás haciendo aquí, sentado debajo del árbol bodhi?”. 

Esa persona habría cogido al Buda para llevarle a trabajar.  “¿Qué estás haciendo?  ¿Sólo sentarte a meditar?  ¿Acaso es éste el momento para meditar?  ¿Es acaso el momento para sentarse en silencio sin más, y disfrutar de tu dicha?  ¡Eso es egoísmo!”.  Esta actitud condenatoria es realmente peligrosa: Te hace creer que eres más santo que el otro.  “Soy mejor que tú.  Tú… ¡perezoso!”.  La persona que pregunta continúa enviando preguntas cada día, que no he respondido; cada día: “Esta gente es inútil, son hippies”.

Esa persona busca un amante, pero no puede encontrar uno aquí porque piensa que nadie aquí… Ella quiere a una “persona correcta” y no puede encontrar aquí a la persona correcta.  Aquí son todos “hippies y yuppies”, y ella quiere a alguien que esté bien establecido.  Escribió una carta: “Alguien bien establecido, que tenga una cuenta bancaria, que sea un caballero, un señor, que tenga prestigio, respetabilidad. 
Aquí todos son unos hogalzanes, vagos, errabundos”. La persona que pregunta habría rechazado a Buda, habría rechazado a Lao Tzu: ellos no fueron personas “correctas”. Esta persona me escribe: “¡Esta gente de pelo largo!”.  Escribe con tal repugnancia que debido a esta repugnancia se ha vuelto una persona muy antipática y así no encontrará un amante. 
Lo ha estado buscando en Occidente durante un año.  Primero fue a buscarlo en América, luego se fue a buscar a un hombre a Israel. No pudo encontrarlo en América; no pudo encontrarlo en Israel.  ¡No lo va a encontrar en ninguna parte!  Aunque se vaya al cielo, Dios le va a parecer un vagabundo.  Esa persona tiene una actitud tan condenatoria que no puede amar a un simple ser humano.

Sí, existen las imperfecciones, existen las limitaciones, pero todo el mundo tiene estas limitaciones.  Si quieres amar, tienes que amar a un hombre con todas sus limitaciones.  Tú no puedes encontrar a la persona perfecta.  La perfección no existe. 
La existencia no permite la perfección, porque la perfección es muy monótona.  Piensa simplemente en lo que es vivir con una persona perfecta… Después de veinticuatro horas te suicidarás.  ¿Vivir con una persona perfecta?  ¿Cómo sería tu vida?  Él sería casi como una estatua de mármol: muerto.  Cuando una persona se vuelve perfecta está muerta.  Una persona viva nunca es perfecta, y mi enseñanza tiende básicamente hacia la totalidad y no hacia la perfección.

Se total y recuerda la diferencia.  El ideal de la perfección dice: “Se de esta manera, sin ira, sin celos, sin ser posesivo, sin imperfecciones, sin limitaciones”.  El ideal de la totalidad es completamente diferente: si estás enojado, enójate completamente.  Si amas, ama por completo.  Si estás triste, entristécete completamente.  Nada se deniega, únicamente lo parcial se tiene que dejar y así una persona se vuelve hermosa.

Una persona total es hermosa.  Una persona perfecta está muerta.

NUNCA ES TARDE PARA VOLVER




No importa cuánto tiempo te hayas extraviado. No importa cuánto te hayas equivocado. Tampoco cuánto te hayas dejado seducir por el sistema, el consumo, la tecnología, las relaciones conflictivas, la vida superficial, el sexo, las drogas (alcohol, cigarrillo), la vida social, los viajes, el dinero. No importa cuánto te hayas ocupado de los demás, olvidándote de ti;, cuánto hayas ignorado a tu cuerpo y a tu corazón; nunca es tarde para volver al SER.
Jamás pongas tu atención en tus errores. No te arrepientas de nada que hayas hecho, o hayas dejado de hacer. Debes saber que eres perfecto. Todo error que cometas, no importa cuán grave sea, es tan sólo un producto de un programa. No te apropies de él, no creas que el error es tuyo. Los errores los comete el ego, y el ego no eres tú. Debes comprender esta abismal diferencia para no sentir culpa ni arrepentimientos jamás.
Cuenta la historia que un hombre se enteró donde estaba Buda con sus discípulos y fue a visitarlo. El quería ponerlo a prueba, a ver si en verdad estaba iluminado como decían. Entonces, se acercó a él y le escupió en la cara. Buda no tuvo reacción alguna. El hombre se marchó. Luego de un tiempo, arrepentido, volvió y le dijo "disculpéme maestro, fui un tonto", para lo que Buda respondió "no tienes que disculparte, pues no eras tú el que me escupió ni soy yo a quien escupiste".
No pierdas un sólo segundo en mirar al pasado, sino que simplemente VUELVE AHORA AL SER. Si quieres reparar un error, no hay mejor cosa que puedas hacer en tu vida que dedicarte a elevar tu propia frecuencia para acelerar tu evolución y eliminar cualquier karma negativo que se encuentre presente todavía en tu interior. No le des tiempo a la mente para pensar "hubiera sido distinto de haberlo sabido antes" o "cómo pude haber hecho esto o aquello". No importa si te equivocas debido a tu ignorancia y a la desconexión ul olvido de lo que eres en esencia, pero sí importa que hagas todo lo que esté a tu alcance para no volver a cometer el mismo error. Allí empieza tu verdadera responsabilidad.
La vida es simple. Se torna difícil sólo cuando reina la intranquilidad en la mente y la ansiedad por querer a toda costa otra cosa distinta de la realidad presente. Somos todos seres maravillosos que tan sólo se han extraviado de su hogar. Debemos volver lo antes posible y no perder un segundo en tratar de comprender o cambiar lo que no se puede cambiar. Una vez que retomas el contacto con tu esencia y te dedicas a experimentar el gozo del Ser, las respuestas vendrán de manera natural y sin esfuerzo.
No les des ninguna importancia al factor tiempo, salvo para comprender lo valioso que es aprovecharlo. Si dedicaste tu vida a lo efímero, vuelve ahora al Ser. Si te ocupaste de ser madre olvidándote de ti, vuelve ahora. Si perdiste tu tiempo en relaciones malsanas, trabajos negativos o superficiales, profesiones que no te representaban en verdad; si viviste desde el ego creyendo que ese eras tú, si no diste suficiente amor como deseabas… Sea lo que sea que haya ocurrido, vuelve al SER. Y cuando digo "ahora", no me refiero a mañana o en esta nueva etapa de tu vida, sino en este mismo momento. AHORA MISMO. Vé a tu interior y refúgiate en tu corazón. Deja de hacer cualquier cosa que estés haciendo, y adéntrate en el YO. Sana al yo con el YO. Libera al yo con el YO.
Si no puedes hacerlo ya, organízate para que suceda apenas llegues a tu hogar. Espera el momento para encontrarte contigo mismo en silencio como esperarías ganar la lotería o encontrar el amor de tu vida, pues de hecho, tú eres el amor de tu vida. No dejes que nada ni nadie te distraiga. Apenas llegues, dile a tu familia "ahora no puedo, tengo primero algo muy importante que hacer". Entonces cierra todas las puertas del mundo exterior y dedícate a darte a ti mismo el amor, la paz y la felicidad que siempre buscaste y sigues buscando. De esta manera inundarás de luz tu corazón y luego esa luz desbordará hacia afuera. Contagiarás a tu familia, amigos, extraños, animales, plantas, y finalmente al mundo entero.
Si hay una sola cosa que debes comprender en toda tu existencia, es que tu felicidad, tu paz y tu libertad, dependen exclusivamente de cuánto tiempo por día dediques a estar a solas contigo mismo. Todos tus problemas se deben a que no practicas lo suficiente, a que no te das suficiente amor. Tus problemas con tus hijos, con tu pareja, con tu trabajo, con el dinero, con tu salud; tu tristeza, tus miedos, tu bronca, tu stress. Es producto de que te la pasas haciendo y haciendo, escapando, justificando, postergando……. y no le das tiempo al no - hacer. A tu sanación.
Vuelve ahora y comprobarás por tu propia experiencia que no es tarde. Siempre hay una solución. Todo se puede reparar, inclusive la muerte misma. Toda la oscuridad, el dolor acumulado de años, la amargura de la vida, las peores experiencias del pasado, todas ellas desaparecerán con tan sólo cinco minutos de verdadera conexión con lo eterno, con lo que ES, con el Ser único brillante, resplandeciente, puro gozo y amor.
No importa cuánta oscuridad haya en tu vida, aprende a prender la perilla de la luz y se esfumará instantáneamente, de la misma manera que sucede cuando entras a una habitación. Puede parecer idealizado, un sueño, un milagro, una utopía....Pero te digo que ya he visto a muchas personas lograrlo. Asi que, adelante!!!!!!!!!!
Luz y amor para todos,
Lic. Fernán Makaroff
https://mlcoscia.wordpress.com/

AHORA O NUNCA




Cada persona elige qué quiere transformar en su mundo. Cada uno decide qué es posible y qué no lo es. La evolución espiritual es el camino por el cual recuerdas día a día, que todo lo que te enseñaron es una mentira, que no existen obstáculos, ni internos ni externos. El mundo entero te ha estado mintiendo desde que naciste. Te ha hecho creer que hay cosas que son posibles y otras que no lo son, que hay cosas que se pueden cambiar y otras que no. Las cosas que te dijeron que se pueden cambiar, son las que tus padres o personas de tu entorno cercano lograron cambiar. Y las cosas que te dijeron que no se pueden cambiar, son aquellas que ellos no lograron. Sin embargo, cuando comienzas a despertarte del engaño masivo, ves con claridad que no sólo puedes lograr todo lo que deseas, sino que debes hacerlo. Para eso has venido a este mundo, no para quejarte y llorisquear como un niño. Sino para manifestar tu verdadero poder espiritual. No viniste para comer, viajar, tener hijos, envejecer y morir. Eso sería un insulto para tu alma. Hay un propósito más digno. Más real. Más elevado.
Para manifestar tu potencial en este mundo debes comenzar a desarrollar tu fe. La fe se desarrolla de dos maneras: la primera a través del reencuentro con tu propia alma, infinita, todo poderosa y eterna. Para ello necesitas amarte incondicionalmente y tener espacios diarios de silencio, además de llevar a cabo las acciones que te definan. Con esta gradual conexión irás recuperando tu memoria divina que está grabada en tus células y te alejarás cada vez más de la mente, que representa a la sociedad dormida y esclavizada. La segunda, a través de la realización de tus metas. A medida que vas logrando las cosas que antes creías imposibles, vas desarrollando tu confianza, cada vez en cosas más difíciles para el común de las personas. Como por ejemplo, tener mucho dinero, vivir sin trabajar, o vivir en un estado de armonía y paz interior diariamente, a pesar de las condiciones externas. Cuánto más conectado estés con tu Ser, más lejos estarás de la mente y sus viejas creencias. Y cuántas más obstáculos superes en tu vida, más desarrollarás tu fe. Es por eso que cuando venga un obstáculo, lo tienes que bendecir y agradecer aún más que en los momentos en los cuales las cosas resultan fáciles. Allí es cuando más tienes que agradecer a la existencia por darte la posibilidad de madurar espiritualmente y convertirte en un hombre.
Debes entender que eres un maestro. Debes recordar que no eres una persona con defectos y virtudes. Tienes que reclamar tu divinidad, tu inmortalidad, tu belleza, tu paz, tu dominio sobre tus estados de ánimo y tu propia mente. Sólo así podrás salir del paradigma condicionado, que se basa en adorar una vida mezquina y limitada.
Cuando Jesús dijo "todo lo que yo hago ustedes lo harán, y más también", te estaba hablando a ti. Directamente a ti. No a una persona imaginaria, no a alguien de esa época. No hay tiempo. No hay milagros. No existen. Lo que tú y esta sociedad llaman milagros es simplemente el conocimiento y el reconocimiento de lo que eres en esencia.
Nada hay más importante para el que desea avanzar y lograr el anhelado equilibrio interno, que el factor seriedad. Esto se refiere al orden de importancia en el que pones tu búsqueda espiritual. Significa qué estás verdaderamente dispuesto a perder para conquistar tu divinidad. Sólo cuando estés dispuesto a abandonarlo todo, verás cambios profundos y significativos. Abandonarlo todo no quiere decir quedarte solo en el desierto o en una montaña, sino soltar el apego a las personas, a los objetos, a las condiciones y a los resultados.
Disciplínate. Trabaja en ti. Comete cualquier pecado, pero nunca el de abandonarte o ser negligente contigo mismo. No te permitas caer en el letargo mental. Debes vigilar a tu mente noche y día, aún en los sueños, para que ella no tome el control de tu vida. No importa cuántas veces lo escuches, siempre recuerda que no hay otro obstáculo en tu vida que tú propia mente.
Ayúdate. No te concentres demasiado en los demás. Más bien, ayúdate a ti mismo. Pues sólo así podrás dar verdadera ayuda. ¿Acaso no te amas? ¿Sientes compasión por los que sufren pero no por ti? ¿No ves la mezquindad con la cual te tratas? Es mucho más fácil abandonarse a uno mismo que a los demás. Pues para los demás, solo tienes que escuchar y estar presente cuando te necesiten, en cambio para ayudarte a ti, debes asumir un compromiso, transmutar viejos y arraigados hábitos, permanecer atento y despierto, desarmar conductas compulsivas, sanar emociones, ocuparte de tu cuerpo y de tu alma día a día.
¡¡Cuánta voluntad se necesita para ser feliz!! Sobre todo, voluntad y disciplina, Porque cuando uno realmente toma la decisión de cambiar, todo lo demás sucede de manera natural y espontánea. Tu alma quiere liberarse. Colabora con ella en su proceso del despertar. Al fin y al cabo si no lo haces serás un desdichado. No hay otro camino que el del amor. De nada sirve el autoconocimiento sin amor. Ni siquiera la meditación tiene efecto alguno sin amor. Y cuando digo amor, no me refiero a aquellos que dicen “yo me amo”, pero son incapaces de vibrar, sino a aquellos que pueden sentir a voluntad aquella inconfundible sensación de paz, gozo, alegría y plenitud en lo más profundo de su corazón. No son palabras, ni teoría, no conocimiento, es sencillamente una experiencia interna.
Así que, ahora o nunca. Un día que pasas sin darte amor en silencio y soledad, es un día perdido. No tienes opción. La evolución es lo único que no puedes elegir en esta vida, sólo puedes demorarla, pero tarde o temprano florecerás. Así que, ahora o nunca. Tienes que hacer de cuenta que en cualquier momento morirás. ¡¡Algo debes hacer para sacudirte!! ¿Prefieres esperar a que la vida lo haga a través de una enfermedad, una experiencia traumática, dolorosa, sufrimiento extremo, o la misma muerte? No le des tregua al ego, ya que él no te la da a ti. Sácale ventaja y aprovecha cada segundo de tu vida para realizar tu verdadero Ser y salir del sonambulismo colectivo.
¡¡Si supieras lo maravilloso que es no depender de nada ni de nadie!!!!! ¡¡Ser autosuficiente!! Sentir amor sin dueño, sin pareja, sin familia, sin condiciones, sin necesidad de que ocurra nada. Sin enamorarte, sin dinero, sin fama, Sólo con tu propia presencia, que es lo único que jamás puedes perder en esta vida. Todo lo demás se irá, pero tú Ser quedará. ¡¡¡Entiende esto de una vez por todas!!! ¡¡Deja de darle importancia a todo aquello que no la tiene!! Primero tú, luego todo lo demás. Pero “tú”, no significa tu persona, sino tu alma. Tu persona también se irá, no la alimentes con venenos materiales o psicológicos. Una y otra vez, pon tu foco en aquello que no perderás con la muerte. Eso es lo único que importa. Nada más que eso. No hay otra cosa. Así que, manos a la obra.
Saludos y amor,
Lic. Fernán Makaroff
https://mlcoscia.wordpress.com/

DIME QUE TE DUELE…Y TE DIRÉ QUE SIGNIFICA



DIME QUE TE DUELE…Y TE DIRÉ QUE SIGNIFICA
Metamedicina
El término Metamedicina proviene del prefijo griego “meta” que significa más allá. Esto significa que la Metamedicina trata de ir más allá de la medicina tradicional. Estamos hablando, por tanto, de una Medicina Metafísica que transciende el plano físico (cuerpo y sus síntomas) para buscar las causas psicológicas (mente) o espirituales (alma) de la enfermedad.
La salud perfecta y el pleno despertar son, en realidad, lo mismo. La única curación auténtica es la autocuración. El querer curarse sinceramente puede motivar a una persona para que realice los cambios necesarios en aquellas actitudes, sentimientos y emociones que son responsables de su sufrimiento.
La curación no ocurrirá con sólo conocer su causa. Porque incluso cuando se ha solucionado un conflicto o se ha liberado una emoción, el cuerpo puede necesitar un tiempo más o menos largo para proceder a la reparación del tejido o del órgano afectado.
La curación no es más que volver al estado de armonía y de equilibrio. Admitir una dificultad o una debilidad es estar ya en el camino de superarla.
La Metamedicina se interesa en algo más que la curación del cuerpo físico de la persona, pues se centra en la asimilación de la lección que la persona afectada debe aprender para su evolución. Es una ciencia que se ocupa más del alma que del cuerpo.
El corazón : Representa el Amor, y la sangre, el júbilo.
El corazón es la bomba que, con Amor, hace que el júbilo circule por nuestras venas.
Cuando nos privamos del Amor y el júbilo, el corazón se encoge y se enfría, y como resultado, la circulación se hace perezosa y vamos camino de la anemia, la angina de pecho y los ataques cardíacos. Pero el corazón no nos «ataca». Somos nosotros los que nos enredamos hasta tal punto en los dramas que nos creamos, que con frecuencia dejamos de prestar atención a las pequeñas alegrías que nos rodean. Nos pasamos años expul­sando del corazón todo el júbilo, hasta que, literalmente, el dolor lo destroza. La gente que sufre ataques cardíacos nunca es gente alegre. Si no se toma el tiempo de apreciar los placeres de la vida, lo que hace es prepararse un «ataque al corazón».
Corazón de oro, corazón de piedra, corazón abierto, sin corazón, todo corazón… ¿Cuál de estas expresiones es la que cree que se ajusta más a usted?
• El cuerpo
«Con Amor escucho los mensajes de mi cuerpo.
Estoy convencida de que nosotros mismos creamos todo lo que llamamos «enfermedad». El cuerpo, como todo en la vida, es un espejo de nuestras ideas y creencias. El cuerpo está siempre hablándonos; sólo falta que nos molestemos en escucharlo. Cada célula de su cuerpo responde a cada una de las cosas que usted piensa y a cada palabra que dice.
Cuando un modo de hablar y de pensar se hace continuo, termina expresándose en comportamientos y posturas corporales, en formas de estar y de «mal estar».
La persona que tiene continuamente un gesto ceñudo no se lo creó teniendo ideas alegres ni sentimientos de amor. La cara y el cuerpo de los ancianos muestran con toda claridad la forma en que han pensado durante toda una vida. ¿Qué cara tendrá usted a los ochenta años?
• Los oídos
Representan la capacidad de oír.
Cuando hay problemas con los oídos, eso suele significar que a uno le está pasando algo de lo que no se quiere enterar. El dolor de oídos indica que lo que se oye provoca enfado. Se trata de un dolor común en los niños, que a menudo tienen que oír en casa cosas que realmente no quieren escuchar. Con frecuencia, las normas de la casa prohíben a los niños expresar su enojo, y su incapacidad para cambiar las cosas les provoca el dolor de oídos. La sordera representa una negativa, que puede venir de mucho tiempo atrás, a escuchar a alguien. Observen que cuando un miembro de una pareja es «duro de oído», generalmente el otro es charlatán.
• La cabeza nos representa.
Es lo que mostramos al mundo, la parte de nuestro cuerpo por la cual generalmente nos reconocen. Cuando algo anda mal en la región de la cabeza, suele significar que sentimos que algo anda mal en «nosotros».
El pelo representa la fuerza.
Cuando estamos tensos y asustados, es frecuente que nos fabriquemos estas «bandas de acero» que se originan en los músculos de los hombros y desde allí suben a lo alto de la cabeza; a veces incluso rodean los ojos. El pelo crece desde los folículos pilosos, y cuando hay mucha tensión en el cuero cabelludo, puede estar sometido a una presión tal que no le deja respirar, provocando así su muerte y su caída. Si la tensión se mantiene y el cuero cabelludo no se relaja, el folículo sigue estando tan tenso que el pelo nuevo no puede salir, y el resultado es la calvicie. En las mujeres, la calvicie ha ido en aumento desde que empezaron a entrar en el «mundo de los negocios», con todas sus tensiones y frustraciones, aunque no se hace tan evidente en ellas porque las pelucas para mujeres son sumamente naturales y atractivas. Lamentablemente, los postizos masculinos todavía son demasiado visibles desde bastante lejos. Estar tenso no es ser fuerte. La tensión es debilidad. Estar relajado, centrado y sereno, eso es ser realmente fuerte. Sería bueno que todos relajásemos más el cuerpo, y muchos necesitamos también relajar el cuero cabelludo. Inténtelo. Dígale a su cuero cabelludo que se relaje, y observe si hay alguna diferencia. Si tiene una sensación perceptible de relajación, yo le diría que practique con frecuencia este ejercicio.
• Los ojos representan la capacidad de ver, y cuando tenemos problemas con ellos eso significa, generalmente, que hay algo que no queremos ver, ya sea en nosotros o en la vida, pasada, presente o futura. Siempre que veo niños pequeños que usan gafas, sé que en la casa está pasando algo que ellos no quieren mirar. Ya que no pueden cambiar la situación, encuentran la manera de no verla con tanta claridad. Muchas personas han tenido experiencias de curación impresionantes cuando se han mostrado dispuestas a retroceder en el pasado para hacer una «limpieza», y tirar aquello que no querían ver uno o dos años antes de que tuvieran que empezar a usar las gafas. ¿No estará usted negando algo que sucede en su presente? ¿Qué es lo que no quiere enfrentar? ¿Tiene miedo de contemplar el presente o el futuro? Si pudiera ver con claridad, ¿qué vería que ahora no ve? ¿Puede ver lo que está ha­ciéndose a sí mismo? Sería interesante
considerar estas preguntas.
DIME QUE TE DUELE…Y TE DIRÉ QUE SIGNIFICA
• ARTICULACIONES: Permiten la producción de movimientos con gracia y soltura. Si tenemos las articulaciones agarrotadas e incapaces de moverse nos volvemos rígidos, nuestro medio de expresión se toma rígido e inflexible. A través de las articulaciones podemos expresarnos con facilidad y propiedad. Las articulaciones contienen tejido duro, tejido blando y líquidos, de modo que los problemas en la zona pueden afectar uno o más de estos tres aspectos. Una inflamación en las articulaciones revela, por tanto, una resistencia o irritación respecto al movimiento, tal vez un temor a lo que nos espera delante, o una dificultad en someternos a ello. Hay una falta de la energía que se desplaza por las articulaciones, lo que indica que estamos tomando energía de esa parte de nuestro cuerpo-mente. Esto dependerá de la zona del cuerpo afectada. Así, por ejemplo, las articulaciones del hombro, codos y muñecas nos permiten desplazar la energía desde el corazón hasta las manos, para que podamos expresar nuestros sentimientos afectivos. Estas articulaciones autorizan además la libre expresión de nuestra energía creativa y activa, nuestras aptitudes manipuladoras y ejecutivas. Una disfunción en cualquiera de esas articulaciones puede indicar un temor a expresar esa energía, una contrariedad o resistencia a ello
• Los dolores de cabeza provienen del hecho de desautorizarnos a nosotros mismos. La próxima vez que le duela la cabeza, deténgase a pensar cómo y cuándo ha sido injusto con usted mismo. Perdónese, no piense más en el asunto, y el dolor de cabeza volverá a disolverse en la nada de donde salió.
Las migrañas o jaquecas se las crean las personas que quieren ser perfectas y que se imponen a sí mismas una presión excesiva. En ellas está en juego una intensa cólera reprimida.
• Los problemas en los senos paranasales Que se manifiestan en la cara, en la zona más próxima a la nariz, significan que a uno lo irrita alguien que es una presencia muy próxima en su vida. Hasta es posible que sienta que esa persona lo está sofocando o aplastando.
Empezamos por olvidarnos de que las situaciones las creamos nosotros, y entonces abdicamos de nuestro poder, culpando a otra persona de nuestra frustración. No hay persona, lugar ni cosa que tenga poder alguno sobre nosotros, porque en nuestra mente la única entidad pensante somos nosotros.
Nosotros creamos nuestras experiencias, nuestra realidad y todo lo que hay en ella.
Cuando creamos en nuestra mente paz, armonía y equilibrio, eso es lo que encontramos en la vida.
• La espalda
Representa nuestro sistema de apoyo.
Tener problemas con ella significa generalmente que no nos sentimos apoyados, ya que con demasiada frecuencia creemos que sólo encontramos apoyo en nuestro trabajo, en la familia o en nuestra pareja, cuando en realidad contamos con el apoyo total del Universo, de la Vida misma.
La parte superior de la espalda tiene que ver con la sensación de no tener apoyo emocional. «Mi marido (mujer, amante, amigo o jefe) no me entiende o no me apoya.»
La parte media se relaciona con la culpa, con todo eso que dejamos a nuestras espaldas. ¿Tiene usted miedo de ver lo que hay allí detrás, a sus espaldas? ¿Quizá se lo está ocultando? ¿Se siente apuñalado por la espalda? ¿Se encuentra realmente agotado?
Sus finanzas, ¿están hechas un lío, o usted se preocupa excesivamente por ellas? Entonces, es probable que tenga molestias en la zona lumbar. La causa está en la falta de dinero o el temor de no tener lo suficiente. La cantidad que usted tenga no tiene nada que ver con eso.
• La garganta
representa nuestra capacidad de «defendernos» verbalmente, de pedir lo que queremos, de decir «yo soy», etcétera.
Cuando tenemos problemas con ella, eso significa generalmente que no nos sentimos con derecho a hacer esas cosas. Nos sentimos inadecuados para hacernos valer.
El dolor de garganta es siempre enfado. Si además hay un resfriado, existe también confusión mental.
La laringitis significa generalmente que uno está tan enojado que no puede hablar.
La garganta representa también el fluir de la creatividad en nuestro cuerpo. Es el lugar del cuerpo donde expresamos nuestra creatividad, y cuando la frustramos y la sofocamos, es frecuente que tengamos problemas de garganta. Todos sabemos cuántas personas hay que viven toda su vida para los demás,sin hacer jamás lo que quieren. Siempre están complaciendo a madres, cónyuges, amantes o jefes.
La amigdalitis y los problemas tiroideos no son más que creatividad frustrada, incapaz de expresarse.
El centro energético situado en la garganta, el quinto chakra, es el lugar del cuerpo donde tiene lugar el cambio. Cuando nos resistimos al cambio, o nos encontramos en pleno cambio, o estamos intentando cambiar, es frecuente que tengamos mucha actividad en la garganta o cuando oiga toser a otra persona. Cuando tosa, pregúntese: «¿Qué es lo que se acaba de decir? ¿A qué estamos reaccionando? ¿Es resistencia y obstinación, o es que el proceso de cambio se está produciendo?».
Cada vez que alguien tose, hago que se toque la garganta y diga en voz alta: «Estoy dispuesto a cambiar» o «Estoy cambiando».
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